Editorial

Oportunidades perdidas o, ¿qué está pasando?

El presidente del comité organizador del Congreso de Matemáticas ICM-2006 de este verano en Madrid, comparó la “locura” del matemático ruso Perelman, y demostrador de la Conjetura de Poincaré, con la otra “locura” del ajedrecista americano (ahora islandés) Robert (Bobby) Fischer. Posteriormente el mismo organizador se mostraba muy contento de acabar su Congreso con la mayor de las coberturas mediáticas, algo así como la del equipo de fútbol del Villarreal, “un modesto que de repente juega la Champions y casi la gana”.


Perelman, 2005

Bobby Fischer 1971

La comparación de Perelman con Bobby Fischer es acertada, pero incluso en un nivel que tiene que ver con el otro aspecto, lo mediático. Cuando en plena guerra fría (1972) se enfrentaron Fischer y el ruso Spasski en Reykjavik, los medios, la prensa se encontró con un match muy atractivo en lo político, pero desconocido para el gran público, y para ellos, en la esencia de lo que practicaba: ajedrez de muy alto nivel. Los medios rápidamente encontraron en el “loco” de Fischer, en sus gestos, sus manías, y sus comportamientos la carnaza para llenar páginas y dar, al gran público, datos para conversar sobre el singular match. El otro contendiente, un hombre serio y educado, no era motivo de polémica ni de interés. Y el ajedrez..., ni mencionarlo.
Aquí, ahora, fue al revés, el “loco” era el ruso, Perelman, representante de el “gran” avance en las matemáticas “la conjetura de Poincaré”, otro que se hizo famoso al final del mes de agosto (aprovechando que Julián Muñoz estaba de vacaciones). Perelman, al que no le interesaba recoger la medalla Field (el Nobel de las Matemáticas), ni recibir un millón de dólares, que vivía con su mamá en las afueras de San Petersburgo, y que liaba cigarrillos con hojas sepias de la enciclopedia Bourbaki. Una pinta como de Rasputín pero asexuado y triste. Todo un crack mediático.

El terreno estaba abonado, “la mente maravillosa” le había mostrado al gran público a un matemático esquizofrénico, al que le daban el Nobel de economía, o “el indomable Will Hunting” una especie de Srinivasa-limpieza domado por un Robin Williams a modo de cola del El club de los poetas muertos.

La divulgación, nuestra digna tarea, quedó en el horizonte del ICM de Madrid, lo suyo era la investigación matemática. Y eso que la prensa intentó preocuparse por el tema, pero ya vimos, o mejor oímos, como representantes del más alto nivel de la divulgación o popularización de las matemáticas de nuestro país hacían aguas en un programa nacional, o como, todo un experto en el tema, argentino, para más señas, enmudecía cuando un periodista se lo ponía fácil con gran audiencia. Todo un aprovechamiento de oportunidades…

En los medios ha quedado, como siempre, secuelas del evento veraniego, aunque también tratan aspectos curiosos como el despoblamiento de las facultades universitarias de matemáticas, la ausencia curricular de las matemáticas en los programas de las escuelas de formación del profesorado o la notable presencia de la mujer en la profesión matemática, que no en los órganos de decisión u organización. Y para muestra valga un botón.


Foto de familia de los expertos y organizadores del XXV Congreso Internacional de Matemáticos (ICM-2006)
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