Historia y Cultura

La soledad de Perelman
WENLEY Palaciós

En 1994 Gregori Perelman regresó de las universidades norteamericanas, donde su trabajo revolucionó gran parte de la Geometría, reincorporándose al Instituto de Matemáticas Steklov. Tras ocho años de estudio colgó en internet tres artículos, en 2002 y 2003, resolviendo la Conjetura de la Geometrización de Thurston, de la que es un caso especial la Conjetura planteada por Jules Henri Poincaré en 1904. Dejó el Instituto y se recluyó en el apartamento de su madre, profesora de matemáticas, de cuya escasa pensión viven ambos.

Nació en 1.966 en San Petesburgo. A los 16 años ganó la Medalla de Oro en la Olimpiada Internacional de Matemáticas y antes de los 20 fue evaluado como el más inteligente del mundo. Durante casi 100 años muchos grandes matemáticos lo intentaron, pero la Conjetura de Poincaré se les resistió. Los japoneses 3Huai-Dong Cao y Xi-Ping Zhu han estudiado la solución de Perelman y, tras 18 meses de trabajo, han publicado 473 páginas, acreditando que no tiene errores. Así lo ha reconocido el XXV Congreso de la Unión Matemática Internacional, celebrado el pasado agosto en Madrid, durante la cual se le otorgó a Perelman la Medalla Fields, equivalente al Nobel de Matemáticas, y el Instituto Clay de Boston un millón de dólares por haber resuelto la Conjetura Poincaré. No acudió a recogerlos. No recibe a la prensa, ni se trata con sus colegas. Las matemáticas le han decepcionado, dice que los premios son irrelevantes porque cualquiera puede entender que si la solución de la Conjetura es correcta no se necesita ningún otro reconocimiento. Ha rechazado antes otros premios, porque estimó, el jurado no estaba capacitado para entender su trabajo.

Poincaré supuso que todas las formas cerradas y sin agujeros pueden reducirse a una esfera perfecta, o más o menos deformada. Así lo ha demostrado Perelman. Este teorema es fundamental para estudiar cómo se expande el Universo. Galileo Galilei decía que las matemáticas son el alfabeto con el que Dios ha escrito el Universo. Las matemáticas son intangibles, pero describen las estructuras de todo lo creado. La poesía se rige por sílabas y por ritmos; en la música ocurre lo mismo, porque la belleza se rige por la armonía, la proporcionalidad. También la fachada del Partenón de Fidias tiene las columnas agrandadas por el centro y las de los extremos inclinadas hacía fuera para lograr la sensación de grandiosidad, siguiendo la proporción áurea, o proporción de Phi que dibujó Leonardo Da Vinci en el Hombre de Vitrubio, y la naturaleza muestra en las curvas marcadas de la concha de moluscos y en las piñas, en la distribución de ciertas hojas en su rama.

No hay mayor soledad que la del náufrago en una isla desierta, y así se siente quien posee un precioso lenguaje y nadie más lo comprende. Gregori Perelman comprende y habla un lenguaje especial, pero no encuentra interlocutor con el que pueda entenderse. Está en absoluta soledad. Pasea por el bosque y recoge setas. Tal vez, encuentra expresiones numéricas en la naturaleza, esas que rigen las leyes de todo lo creado, porque todo es matemáticas, aunque solo algunos pueden hablar de altas matemáticas. De su grado más alto, el hombre más inteligente del mundo, no puede hablar con nadie. Los genios parecen antisociales. Es difícil comunicarse con ellos, pero les debemos los grandes saltos hacia el futuro que nos aportan. El del siglo pasado se lo debemos en parte a Einstein y su teoría de la relatividad. En este, a Perelman.

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